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Publicar o no publicar, ¡he ahí el dilema!

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Hace unos minutos leí una columna de Ana Paula Ordoríca sobre la libertad de prensa. Los que me han seguido por mucho tiempo saben que es un tema que me interesa mucho y sobre el cual escribo eventualmente. Soy un fanático de libertad de prensa siempre y cuando se cumplan algunos requisitos indispensables.
Vuelvo a publicar, creo que por tercera vez, lo que se enseña en algunos medios de comunicación sobre la libertad de expresión:
Así me lo enseñaron, así lo enseño. Así lo plantean muchos medios cuando le dicen a sus colaboradores que deben informar, pero para informar, percibir, planear, explorar, descubrir, investigar, buscar, calcular, desenredar, probar, analizar, edificar, comprobar antecedentes, buscar en las fuentes, evaluar, volver a verificar, sopesar, autentificar, sintetizar, perfilar, ponderar, apreciar, juzgar, reflexionar, predecir, elogiar, aplaudir, deplorar, testificar, avisar, explicar, desmitificar, clarificar, examinar, ilustrar, advertir, aseverar, asombrar, entrevistar, confirmar, corregir y finalmente publicar e informar.
Ana Paula Ordorica empieza por hacer una pregunta que en el párrafo anterior he pretendido contestar, pero que sigue siendo válida:
¿Es válido publicar todo en aras de defender la libertad de expresión y de información? Me temo que no.
A continuación reproduzco su texto publicado hoy en Excelsior para que (mis cuatro lectores, diría Catón) normen su criterio, y porqué no, me critique y me comenten sobre estas ideas:
“El derecho a la libertad de expresión es pieza fundamental para toda democracia. ¿Fue este derecho el que agredieron los hermanos Kouachi la semana pasada cuando atacaron las oficinas del semanario Charlie Hebdo, matando a 12 personas e hiriendo a 11 más?

El debate en los medios de comunicación del mundo se ha dado en este sentido con varios valorando si debían o no publicar las caricaturas en sus diarios en señal de solidaridad con Charlie, y de repudio a que se resuelva a balazos una crítica que tiene como armas papel y tinta.

El New York Times y el Washington Post, entre muchos otros diarios, decidieron no publicar las imágenes. No porque no se tuviera solidaridad con Charlie ni porque no se sostuviera la defensa de la libertad de expresión.

Para el editor ejecutivo del Post, Martin Baron, la decisión de no publicar las caricaturas se apegó al lineamiento que tienen de no publicar material que resulte deliberado, dirigido e innecesariamente ofensivo para miembros de grupos religiosos.

Por su parte, otros diarios, principalmente los europeos, decidieron sí publicar las caricaturas.

El columnista del New York Times Ross Douthat argumenta que el derecho a blasfemar (lo que también genera ofensas) es esencial en el orden liberal. Y que es precisamente este tipo de blasfemia la que provoca violencia, la que más requiere ser defendida.

El tema escaló a tal grado que para algunos analistas, opinadores y medios, ya no era suficiente la labor de publicar las viñetas con el fin de informar al público, también se debía estar de acuerdo con que se publicaran e incluso coincidir con su contenido.

Escribiendo desde un país como México, en donde afortunadamente no tenemos conflictos religiosos, pero sí se siguen lineamientos en el trato mediático a temas que tienen que ver con el crimen organizado, ¿qué pensar sobre la publicación de las viñetas y la defensa a la libertad de expresión?

¿Es válido publicar todo en aras de defender la libertad de expresión y de información? Me temo que no. Por diversas razones. Primero que nada porque el medio puede convertirse en la herramienta de difusión de intereses contrarios al Estado, a la población en general y a los intereses de la sociedad.

Tal es el caso, por ejemplo, de los narcomensajes que vemos en el país puestos en mantas.

Además, muchos países en Europa prohíben, por ejemplo, negar la existencia del Holocausto. ¿Por qué entonces debe ser celebrada una viñeta que se burle del profeta Mahoma, pero prohíba una que haga lo mismo sobre la existencia de ese terror humano del siglo XX?

La libertad de expresión, como toda libertad, tiene límites e incluso lineamientos.

Quizá Charlie comenzó como una revista de sátira, pero exigir que ahora o se está de acuerdo y se suscribe lo que el semanario publicaba o se está apoyando la censura, ¿no resulta igual de extremista y fundamentalista que ese Islam que justamente ha señalado en sus caricaturas Charlie Hebdo?” (Ordorica, 2015)

Written by Fernando Camara

January 14, 2015 at 2:09 pm

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